Gustavo Yepes Ya su alma fue juzgada y está donde debe estar. Ahora le tocará el juicio de la historia, el de su pueblo, el de sus amigos y adversarios, el de sus víctimas. Sólo se salvó del juicio de los tribunales. Yo no soy quién para juzgar a ningún ser humano, pero eso no impide que tenga recuerdos de todos los que han tenido alguna influencia sobre mí y él no ha sido la excepción. Hay quienes dicen que amó a su pueblo. Yo lo recordaré como un dictador que asesinó a miles, envió al exilio a cientos de miles, y oprimió a millones de sus compatriotas. También recordaré a muchos de los que él decía amar huyendo de la isla en precarias balsas y ofrendando sus vidas por escapar de algo que, definitivamente, no era amor. Concibo el amor como el sentimiento más sublime, incompatible con un ser cuyas manos están manchadas de tanta sangre. Algunos lo recuerdan por haber sido buen amigo. Yo lo recordaré como una persona que consideraba “amigo” sólo a quien comulgaba con sus ide...