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El líder que no grita

Publicado el 22 de abril de 2025

 


Este Jueves Santo, en una calle cualquiera de Madrid, tuve el honor de cruzarme brevemente con el presidente Edmundo González y su esposa Mercedes. No fue un encuentro planeado ni protocolar, sino humano y profundamente simbólico. En sus ojos había una mezcla de serenidad y determinación que me estremeció. Y aunque apenas cruzamos palabras, sentí que entendió lo que no le dije con palabras: mi gratitud, mi esperanza intacta, mi respeto.

Un día antes, su yerno cumplía 100 días secuestrado por la dictadura. Aun así, Edmundo caminaba con paso lento pero firme, sin escudos ni aparatos de poder. Podría haber seguido disfrutando la paz de su retiro, pero eligió ponerse al frente de una causa que trasciende egos y partidos: la reconstrucción moral de Venezuela.

Admiro su temple, su silencio elocuente, su valentía serena. Frente a la cobardía del tirano, que se oculta tras el miedo, la fuerza y el chantaje, Edmundo se alza sin estridencias, con la dignidad de quien no necesita gritar para hacerse oír.

Mercedes, siempre a su lado, irradia esa energía serena que solo poseen quienes comprenden el peso del momento histórico que enfrentan. Ella también merece nuestro reconocimiento.

Este breve encuentro no solo me conmovió: multiplicó mi esperanza. Porque vi en él no a un político, sino a un ciudadano que encarna lo mejor de lo que podemos ser.

Y comprendí, con toda claridad, que Venezuela tiene futuro. Y tiene rumbo.

Gracias, presidente. Gracias por estar cuando más se le necesita. 🇻🇪✨





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