Una reflexión sobre la conciencia, el desencanto y las elecciones en España. Soy una persona de derechas. Creo en los valores de nuestra civilización judeocristiana: el respeto a la vida, la dignidad humana, la familia, la libertad de conciencia, la propiedad privada, la honestidad y la responsabilidad individual. También creo en el respeto a quienes piensan diferente. Estos principios representan lo que entiendo por el bien. Sé que otras personas tienen una concepción distinta. No las considero malas personas por discrepar de mí. Defiendo mis convicciones y reconozco su derecho a defender las suyas. Ante las próximas elecciones en España, quiero compartir una reflexión sobre el voto y la abstención. Seguramente conoces a alguien que dice que no piensa votar. Quizás tú mismo lo has pensado. Las razones son conocidas: «Todos los políticos son iguales», «Hay demasiada corrupción», «Ninguno cumple sus promesas», «Mi voto no cambiará nada». Comprendo el desencanto. La corru...
Los terremotos cambiaron el calendario de la historia Sé que usted no leerá esta carta. Aun así, escribo, porque frente al dolor de Venezuela el silencio también puede ser una forma de complicidad. Usted tiene muchos asesores que le hablan de mi país. Algunos lo conocen bien. Otros no. Algunos quieren ayudar. Otros, como usted ya habrá comprobado, solo quieren cuidar intereses, sabotear decisiones o proteger restos del régimen. Por eso quiero hablarle claro. Cuando usted dice que el pueblo venezolano está feliz, que baila en las calles, que celebra, está recibiendo una imagen incompleta, y en parte falsa, de nuestra realidad. Algunos enchufados estarán felices. Pero el pueblo venezolano no está celebrando: está enterrando muertos, buscando sobrevivientes, improvisando refugios, levantando escombros con las manos y tratando de no quebrarse. Si vio gente bailando en medio de la tragedia, quizás le faltó contexto. La fiesta de San Juan se celebra bailando. No siempre qui...