Soy católico. Y fui educado —como tantos— bajo una ética que se nutre de los Diez Mandamientos: no matarás, no mentirás, no robarás, no levantarás falso testimonio. No lo digo como adorno cultural, sino como brújula. Por eso me inquieta ver cómo se relativiza la verdad o se trata la violencia como “precio inevitable” de la política. En Venezuela esa violencia no es teoría. Está documentada, con patrones claros: asesinatos, desapariciones, detenciones arbitrarias, torturas, tratos crueles, persecución sistemática. Con ese marco, yo esperaría un reflejo instintivo en la Iglesia: ponerse del lado de los oprimidos, con claridad. Y nunca, nunca colocarse del lado del opresor, ni por acción ni por omisión. Y aquí empieza mi conflicto: esa claridad no siempre se ve. La Iglesia en Venezuela ha hablado en momentos clave y la Conferencia Episcopal ha llamado a respetar la voluntad popular y a exigir transparencia electoral. Eso debe reconocerse. Pero, en el terreno donde vive el fiel c...
A comienzos de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó una operación militar en Venezuela, capturó a Nicolás Maduro y lo trasladó a EE. UU., donde fue presentado ante un tribunal. Según la acusación federal reseñada por agencias y prensa internacional, enfrenta cargos, en pocas palabras, por narco-terrorismo, conspiración para importar cocaína y delitos vinculados a armas . Dentro de Venezuela se instaló una conducción «interina» y el país entró en una fase volátil: advertencias de seguridad, tensiones internas y debate internacional abierto, incluido el Consejo de Seguridad y pronunciamientos del secretario general de la ONU sobre la gravedad de la acción militar. En paralelo, han ocurrido liberaciones puntuales de presos políticos, mientras organizaciones de derechos humanos reportan que la cifra de detenidos por razones políticas sigue siendo muy alta. Lo que sigue no intenta decirte qué «bando» elegir. Primero pone sobre la mesa lo verificable y lo que podemos inferir....