Aún no me lo creo. El Papa Francisco, en quien tantos depositamos nuestras esperanzas por una acción valiente y decidida como la de su antecesor Juan Pablo, no toma partido porque “haría daño” Porque tiene miedo de que haya un derramamiento de sangre que está a la vista y que él no es capaz de ver. Los grandes hombres se miden en los momentos cruciales y Francisco ha desperdiciado una gran oportunidad. Decidió no tomar partido. Esto le hace un gran daño a la iglesia y ha decepcionado a millones de católicos que esperan que ella como institución, y sus líderes, se pongan del lado de la justicia. El régimen usurpador que tenemos en Venezuela, Francisco, nos está matando de hambre, de mengua, de falta de medicinas, de violencia. Pide a tus asesores que te enseñen las cifras de niños muertos o desnutridos, de jóvenes presos, torturados o asesinados, de familias desmembradas, de la diáspora que está intentando sobrevivir en condiciones a veces inhumanas que son mejores que perma...