Sé que el título puede parecer irrespetuoso, pero créeme, no es mi intención. En primer lugar, tú mismo, con tu humildad característica, nos has dado licencia para llamarte por tu nombre en tono de camaradería, así como si fuésemos amigos de toda la vida. La segunda parte del título es una forma muy coloquial de preguntarme si estás realmente enterado de lo que pasa en Venezuela o tus declaraciones son parte de una estrategia deliberada. La razón me indica que el aparato de inteligencia del Vaticano tiene la capacidad de indagar mucho más abajo de la punta del iceberg reservada a la mayoría de los mortales, pero el corazón me señala que no estás bien informado, quien sabe por qué razones. Ese es otro iceberg más misterioso que el primero. Yo no tengo problema en que te ubiques a la izquierda o te declares socialista. Colocarse al lado de los más necesitados, proclamar la justicia social, combatir la explotación del hombre por el hombre, son batallas que todos deberíamos apoyar...