Los represores se encuentran prestos a salir, una vez más, a cumplir la labor que le encomiendan, desde sus cápsulas de cristal, aquellos que temen que se les rompa el cristal. Yo los entiendo y también perdono a muchos de ellos. Algunos, los que no tienen perdón, están emocionados ante una nueva batalla para exterminar al enemigo. Aprendieron a odiarlo en la más pura tradición del asesino en serie conocido como el Che, paradigma del hombre nuevo del oprobioso régimen. Otros lo hacen porque no tienen más remedio. Las razones son infinitas. Muchos de ellos tienen miedo, por ellos mismos o porque saben que del otro lado están sus padres, sus hermanos, sus hijos. Sean cuales sean sus motivaciones y sus temores, se sienten poderosos, protegidos por su arsenal mortífero y su zoológico de terror conformado por ballenas, rinocerontes y murciélagos. La batalla va a comenzar. El enemigo comienza a avanzar empuñando las temibles armas de la verdad y la palabra. Eso no es permisible ...