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Las mil caras del Ávila

  El Cerro El Ávila es mucho más que una montaña: es la identidad viva de Caracas y un puente simbólico entre Venezuela, mi país natal, y España, el país que me acogió en tiempos difíciles. Aunque su nombre original es «Waraira Repano», la versión más sólida señala que «El Ávila» proviene de Gabriel de Ávila, alférez mayor de campo que acompañó a Diego de Losada en la conquista de Caracas y fue nombrado alcalde en 1573.  Sus tierras abrazaban la montaña.   Sin embargo, también circula la encantadora anécdota de quienes, al mirar su silueta protectora, la comparaban con las murallas de Ávila en Castilla. Entre historia y leyenda, invito a venezolanos y españoles a redescubrir juntos las mil caras de este símbolo compartido. Este artículo fue publicado originalmente en el portal «Wall Street Internacional Magazine» en enero de 2022.   Las mil caras del Ávila «Toda emoción de ser caraqueño tiene su origen en el Ávila»  Alfredo Boulton El Ávila, esa herm...

El aniversario de la dignidad

  Venezuela y la batalla diaria por la democracia   Se cumple un año del golpe de Estado electoral que sacudió a Venezuela y desafió la fe de quienes seguimos creyendo en la democracia. Mucho ha pasado desde entonces: jornadas de incertidumbre, silencios forzados, rutas que parecen cerrarse y, sin embargo, persiste una corriente de dignidad y valentía que se niega a extinguirse. No quiero convertir este aniversario en un catálogo de penas. Cada quien sobrelleva la carga a su manera. Pero hoy elijo mirar hacia lo que hemos construido: esperanza activa y memoria que resiste al olvido. La esperanza, a veces, parece una llama frágil en medio de la tormenta. No importa cuántas veces intenten apagarla; basta que una mano la resguarde, que alguien sople suavemente sobre la mecha, para que la luz regrese. Así, millones de venezolanos, dentro y fuera del país, han hecho posible que la oscuridad no sea total. Cada quien, desde su propio rincón, ha encontrado maneras de sumar, de res...

Despertar o resignarse: el dilema de Occidente

No se trata solo de incertidumbre: Occidente enfrenta una pérdida real y profunda de sus valores fundamentales. Lo que antes fue certeza, hoy se tambalea. Principios que durante generaciones nos sirvieron de brújula —el respeto, la libertad, la responsabilidad— se ven ahora cuestionados y desplazados por supuestas nuevas virtudes. Lo que creímos inamovible, hoy parece más frágil que nunca. Nunca he rechazado lo diferente. Todo lo contrario. Siempre he defendido la libertad de cada quien para vivir como desea, mientras no pretenda imponerme una supuesta superioridad moral ni menospreciar lo que soy y en lo que creo. Pero el respeto es de ida y vuelta. No soy amigo del victimismo. Tampoco de la resignación. Los Diez Mandamientos, más allá de cualquier fe, han servido de columna vertebral ética a la civilización occidental. Sin esa base, el edificio de la convivencia se tambalea. Sin embargo, no todo está perdido: hay ejemplos de resiliencia que nos invitan a reflexionar. El p...

Las listas que no se publican

 Estados Unidos anunció nuevas restricciones migratorias y Venezuela apareció, como quien no quiere la cosa, en la lista. Una más. Ya no debería sorprender, pero fastidia igual. No porque uno crea que a estas alturas merecemos un trato especial, sino porque, a pesar del desastre evidente, hay millones de venezolanos que no tendríamos por qué pagar la factura de una dictadura que no elegimos ni promovemos. Y, sin embargo, ahí estamos. En la misma lista de países donde se cocinan guerras, terrorismo o tiranías de manual. Mientras tanto, quienes han exportado crimen, lavado y chantaje, siguen disfrutando de sus visas diplomáticas y sus riquezas mal habidas. Ironías del mundo libre. Desde hace más de dos décadas, Venezuela ha venido cayendo en listas de todo tipo: corrupción, inflación, violencia, censura, desnutrición, migración forzada. Y uno ve esas listas y entiende por qué un país que un día fue promesa hoy parece amenaza. Lo que cuesta más es explicar que no siempre fue así. ...

Festival de excusas

 Dicen que perdieron porque María Corina llamó a no votar. Que la abstención fue muy alta. Que el pueblo no salió. ¡Claro! El problema no fue que participaron en una elección fraudulenta, sin árbitro, sin garantías, sin auditoría real. No. La verdad cruda fue que el pueblo… no obedeció su llamado. Los eternos aspirantes a algo, esos profesionales del fracaso con falsa credencial opositora, hoy lloran sobre sus cuotas perdidas, como si la democracia fuera una lotería y no un acto de dignidad. Se presentan como víctimas del divisionismo, cuando en realidad fueron cómplices voluntarios del teatro obsceno que montó el dictador. El pueblo, mientras tanto, simplemente decidió no hacerles el juego. Porque cuando todo huele a trampa, lo más sensato es no sentarse a la mesa. La estrategia de María Corina no solo fue clara, fue moralmente superior. No se trataba de sumar diputados decorativos o gobernaciones simbólicas. Se trataba —se trata— de no legitimar lo ilegítimo. Y el país lo e...

¿Votar? No. Es hora de botar 🗳️

Nos dicen que votemos. Que esta vez sí. Que ahora sí ganamos. Que el mundo nos ve. Que hay que tener fe. ¡Como si no hubiésemos votado antes! Como si el 28 de julio no hubiésemos marchado en masa, con esperanza, con dignidad, y demostrado que somos más. Y aún así, aquí estamos: con el dictador campante, como quien ni se despeinó. Así que no, gracias. Esta vez no voy a votar. Voy a botar. Voy a botar la ingenuidad de creer que enfrentamos a demócratas en campaña y no a criminales aferrados al poder. Voy a botar la narrativa complaciente que llama «proceso» a esta farsa. Voy a botar el miedo, el cansancio, el chantaje de «si no votas, no existes».   ¡Existimos! Y también vemos —con dolor y asombro— a quienes traicionaron el espíritu del 28 de julio, los que alguna vez marcharon con nosotros y hoy se lanzan a recoger migajas, los que negocian desde el hambre del pueblo y se arrodillan esperando un favor. No. No estamos hechos para limosnas disfr...

La mentira se sofoca cuando la verdad respira

No importa cuánto griten. No importa cuántas urnas llenen de papeles falsos ni cuántas cadenas transmitan para repetir el cuento gastado de la “democracia participativa”. La verdad siempre encuentra grietas. Y esta semana, Venezuela lo ha demostrado de nuevo. En medio de elecciones amañadas y retóricas vacías, una acción silenciosa —pero profundamente valiente— nos recordó que el alma de un país no se apaga con decretos ni represión. No es la primera vez que vemos lo imposible ocurrir. Tampoco será la última. Porque, aunque muchos prefieran callar o mirar a otro lado, hay una fuerza viva que no se deja someter: la dignidad. Esa que florece aún en medio del asfalto, como un eco de libertad en tiempos oscuros. Los que siguen dentro, resistiendo. Los que están fuera, denunciando. Los que escriben, crean, construyen memoria… Todos somos parte del mismo relato: el de un pueblo que, a pesar del exilio, la censura y la traición, se niega a olvidar quién es. La historia venezolana aún ...