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De la oscuridad al orden

 ¿Estamos en una transición o en un reacomodo? Dos lecturas, un mismo anhelo democrático

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Los venezolanos queremos una transición: de un poder de facto a una democracia.

Y, para mucha gente, ese punto ya está resuelto en lo esencial: en 2024 se expresó una voluntad popular que, para una parte amplia del país, define quién debe liderar el cambio.

El problema es otro, y es legítimo que duela: incluso si sabes “quién”, no siempre está claro “cómo”.

Y hay una condición mínima que no admite aplazamientos: la liberación inmediata de todas las personas presas por motivos políticos.

Asumir sin orden mínimo puede convertir el mandato en símbolo, y la esperanza en frustración.

Además, el mapa se complicó con un factor externo que hoy pesa como una losa: Estados Unidos ha hablado de “hacerse cargo” y ha exigido, como compensación histórica, “acceso total” a recursos e infraestructura, con el petróleo como centro del discurso.  

Por eso, las preguntas que escucho —y que vale la pena formular sin histeria ni ingenuidad— son estas:

¿Estamos realmente en una transición?

Si lo estamos, ¿hacia dónde nos lleva?

¿Y qué posición conviene asumir, como demócratas, cuando el camino se vuelve confuso?

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Lo que se ve en la superficie, y lo que preocupa por debajo

En público, Estados Unidos proyecta la idea de un “ordenamiento” bajo su conducción, ligado a estabilidad, seguridad y recursos.  

Dentro de Venezuela, el poder institucional intenta rellenar el vacío con continuidad: el TSJ respaldó que Delcy Rodríguez asumiera como presidenta interina, con apoyo del estamento militar, y ella ha buscado abrir un canal de “colaboración” con Washington

En paralelo, la disputa de legitimidad de 2024 sigue ahí, aunque hoy parezca quedar en segundo plano frente al “orden” y la administración del día después.  

Esa combinación alimenta la inquietud central:

¿Esto es una transición hacia la democracia, o un reacomodo para restablecer control y administración, empezando por el petróleo?  

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El punto que divide a la gente democrática

La duda no es si Venezuela necesita orden.

La duda es si ese orden puede construirse con las autoridades ilegítimas actuales, , o si primero hay que salir de ellas para que exista una transición real.  

Aquí conviene decirlo sin trampas:

  • Pedir que “se vayan ya” sin control de la fuerza, sin reglas y sin contención de retaliaciones puede abrir la puerta al caos.
  • Aceptar que “se queden por ahora” sin límites claros, sin transparencia y sin fecha de salida puede convertir la transición en continuidad maquillada.  

Por eso, más que una consigna, importan las condiciones.

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Dos rutas plausibles y sus riesgos

Ruta 1: transición supervisada y temporal que prioriza orden y culmina en legitimación

Ventaja obvia: puede ofrecer contención rápida, freno a la violencia y condiciones mínimas para libertades y verificación democrática.

Riesgo obvio: si la supervisión se vuelve opaca o se alarga, el país puede percibirlo como administración externa, con el petróleo como verdadero norte, y la democracia como promesa diferida.  

Aquí el dilema también es duro: el orden sin fecha de salida y sin verdad verificable termina pareciéndose a una ocupación, aunque se vista de “estabilidad”.

Ruta 2: transición conducida por las autoridades que reivindican el mandato de 2024

Ventaja obvia: alinea el “quién” con la voluntad popular que muchos consideran expresada, y reduce el tiempo de interinidad.

Riesgo obvio: si el aparato de seguridad, justicia y administración sigue capturado, ese liderazgo puede no tener poder efectivo, o verse empujado a gobernar por excepción para sobrevivir, erosionando lo que pretende restaurar.  

Aquí el dilema es duro, pero honesto: el mandato sin control mínimo puede ser una bandera sin Estado.

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Entonces, ¿estamos en transición?

Una transición no se define por la palabra “transición”.

Se define por hechos.

Si ves estas señales, estás más cerca de una transición real:

  • protección efectiva de civiles y fin verificable de represalias,
  • libertades públicas restauradas (prensa, asociación, protesta pacífica),
  • datos públicos y auditables, no propaganda,
  • justicia con debido proceso, no venganza,
  • educación como prioridad desde ya,
  • y un cierre democrático verificable con fecha: auditoría integral de 2024 si es posible, o elecciones nuevas con garantías superiores si no lo es.

Si, en cambio, lo que ves es opacidad, extensión indefinida, control de recursos como foco central y decisiones sin rendición de cuentas, estás más cerca de un reacomodo.  

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¿Qué posición conviene asumir como demócratas cuando todo se vuelve confuso?

No la del aplauso automático, ni la del rechazo visceral.

La posición más fuerte es la que pone condiciones públicas, simples y no negociables, sin enamorarse de actores.

Dicho en limpio: apoyar cualquier ruta solo en la medida en que se comprometa, de forma verificable, con cinco cosas:

  • vida y dignidad por encima del cálculo,
  • libertad real y fin de la censura,
  • verdad con evidencia,
  • justicia sin revancha,
  • y devolución del poder a la ciudadanía con fecha y verificación.

Esto puede sonar menos épico que un eslogan.

Pero es lo que, a la larga, separa una democracia naciente de un cambio de administración.

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Cierre

La esperanza no es exigir el camino perfecto.

La esperanza es sostener el objetivo cuando el camino no es el que tú querías.

Si hoy estás confundido, no te culpes: la situación es confusa.

Lo importante es no entregar tu criterio.

Porque, al final, la pregunta no es si alguien promete democracia.

La pregunta es si las acciones, los límites y las fechas la hacen inevitable.

Comentarios

  1. Gustavo, aprecio el esfuerzo analítico, pero no considero que estemos realmente en una transición.

    El régimen sigue intacto; solo se removió una de sus piezas. Me preocupa además que el énfasis del gobierno de EE. UU. esté puesto en el petróleo, lo que sugiere una acción más transaccional que orientada a la defensa de la democracia.

    A esto se suma un tema clave: la legalidad del procedimiento y la ausencia de coordinación con el gobierno legítimo en el exilio.

    Sin esos elementos, hablar de transición resulta, al menos, prematuro.

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    1. Luis, gracias por leerlo con esa seriedad.
      Entiendo tu punto: si el aparato del régimen sigue intacto, hablar de “transición” puede ser prematuro. De hecho, eso mismo quise poner sobre la mesa: una transición no se declara, se demuestra con hechos.
      Sobre el énfasis en petróleo: también me preocupa. Históricamente, los Estados actúan por intereses, no por romanticismo democrático. Eso no invalida el objetivo, pero sí obliga a exigir condiciones verificables:
      liberación inmediata de presos políticos, restablecimiento real de libertades públicas, fin de represalias, datos auditables y una ruta clara hacia legitimidad (verificación de 2024 o elecciones limpias con fecha).
      Si esas señales no aparecen pronto, tu lectura de “reacomodo” gana fuerza.

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  2. El país se perdió por completo en todos los sentidos.
    Hemos vivido secuestrado por la inteligencia criminal cubana comunista.
    Para ver de vuelta la democracia, cambiar ese chip en modo rehén.con nuestras ideas y estilo de vida distorsionados y alterados, anulando nuestra capacidad para dirigir nuestras vidas con normalidad y con criterio propio.
    Sabemos los de nuestras generaciones lo que fue vivir en democracia. Se perdió una generación completa.
    Volver a la democracia se llevará tiempo, y para eso debe intervenir EEUU, una gran nación. Sino quedaríamos como Cuba

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    1. Deyanira, gracias por tu comentario, y entiendo esa sensación de país rehén.
      Coincido en dos cosas: recuperar democracia lleva tiempo y no basta con cambiar una cúpula; hay que reconstruir hábitos cívicos, instituciones y cultura de responsabilidad. Eso es trabajo de años, empezando ya, sobre todo con educación.
      Donde pondría un matiz es en esto: la ayuda externa puede ser necesaria, pero no sustituye el objetivo democrático. El criterio para sostener esperanza no es “quién interviene”, sino qué se logra y con qué límites:
      libertades, justicia sin revancha, educación como prioridad y un cierre democrático verificable.
      Si la población mantiene esa exigencia, el camino puede ser largo, pero no se pierde el norte.

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  3. Gustavo, te felicito por iniciar con tu articulo este necesario debate, que para este momento conlleva a mas preguntas que respuestas.

    Bajo mi humilde punto de vista, pareciera muy pronto para verificar si estamos en transicion o reacomodo ya que esto lo determina las intenciones y acciones de los que toman las decisiones.

    Lo que si es palpable desde ya, es que EEUU ejecuta acciones politicas y militares pragmaticas, por lo que han preferido entrega el poder a quien, segun ellos podrian mantenerlo en el corto plazo. Esto sugiere que que para hacer cumplir el mandato soberano del 2024 solo seria factible con el envio de tropas a permanecer en Venezuela por un largo tiempo, lo cual no lo considerarian viable en este momento.

    Por lo pronto, solo las acciones del gobierno actual (No lo llamo nuevo, porque entiendo que es el mismo) nos ayudaran a verificar si estan alineadas con los intereses de EEUU y/o la transicion democratica con la que soñamos, y que no es mas que respetar y respaldar la decision democratica derivada de las elecciones del 2024.

    Recibe de mi parte un gran abrazo

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    1. Yrenardo, gracias por el abrazo y por la claridad.
      Me parece muy sensata tu tesis: hoy hay más preguntas que respuestas, y lo que definirá esto no son discursos, sino acciones medibles.
      Coincido en que EE. UU. suele moverse con pragmatismo, y que sostener un cambio inmediato por “fuerza” tendría costos enormes. Por eso, para no caer en resignación, lo útil es vigilar señales concretas en las próximas semanas:
      liberación inmediata de presos políticos, fin de persecución, apertura real de prensa y asociación, control de violencia con proporcionalidad, transparencia de decisiones y una ruta con fecha hacia legitimidad (auditoría integral de 2024 si es posible, o elecciones nuevas con garantías superiores si no).
      Si esas señales aparecen, habrá base para esperanza. Si no aparecen, tendremos evidencia para ajustar el diagnóstico sin autoengaños.

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  4. Saludos Gustavo, igual a quienes te siguen. Esta "tutela" es el mecanismo de cobro por el gasto que han hecho por hacer un trabajo que nosotros los venezolanos fuimos incapaces de llevar adelante. Si alguien piensa que el gobierno actual de los USA está preocupado por la democracia , los ciudadanos y las buenas costumbres, es una pena.
    El tema básico para lograr una transición, sólo por usar la palabra, desde la situación actual hacia un gobierno que medianamente represente a la ciudadanía esto sólo puede ser posible por elecciones competitivas verificables y hacia ese objetivo habrán de dirigirse los esfuerzos del estamento político (lo siento tienen que ser ellos porque es lo que hay) y habrá que maniobrar para que el andamiaje electoral sea decente, no esta cuerda de bandidos a cargo del corrupto amoroso. El problema de VNZ es mucho más profundo pues se enraiza en nuestra manera de aproximarnos a la política y la institucionalidad republicana. Dicho de otra manera tenemos que cambiar nuestra visión colectiva sobre la democracia, los políticos y nuestra responsabilidad como ciudadanos porque allí estamos corrompidos desde antes del maburrismo. Los USA tiene objetivos muy específicos, acabar con el régimen cubano y negar espacios geopolíticos y económicos a los tres cooperantes con este farsa que llamamos gobierno, China, Rusia e Irán. En esa contienda el equipo de la Sra Machado ha estado haciendo un buen juego pero por desgracia para todos nosotros no controlan nada del andamiaje institucional de VNZ y esa es su gran debilidad. Ya antes te he comentado esto así que no abundaré. Pero bueno, una parte del trabajo nos lo han hecho, y tendremos que pagar por ello, depende de cómo nos movamos ahora para asegurar el objetivo mayor.

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    1. Gracias por este comentario, porque aterriza varias verdades incómodas.
      Primero: es razonable asumir que EE. UU. actúa por intereses. La pregunta no es si “viene por democracia”, sino si sus acciones dejan espacio para un cierre democrático verificable y con fecha.
      Segundo: coincido en que, sin elecciones competitivas y auditables, hablar de transición es puro relato. Ahí está el punto práctico: presionar para que el andamiaje electoral sea decente y verificable, y para que existan libertades mínimas (prensa, asociación, protesta) que hagan posible una elección real.
      Tercero: también comparto que el problema es más profundo y cultural. Sin ciudadanía exigente, sin instituciones y sin educación cívica, cualquier cambio se vuelve reversible.
      Me quedo con tu cierre: “depende de cómo nos movamos ahora”. Eso es esperanza sobria: no negar intereses, pero sí exigir garantías y medir por hechos, no por promesas.

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  5. Excelente el análisis y excelente los comentarios. Desde mi humilde opinión estamos en presencia de un reacomodo y el fin último es ponerle la mano a nuestro petróleo y demás riquezas, si así lo permitimos.

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    1. Gracias por leerlo y por comentarlo.
      Tu lectura del “reacomodo” es perfectamente plausible, porque los Estados suelen moverse por intereses, no por romanticismo democrático. La pregunta práctica es cómo evitar que eso se convierta en destino.
      Para mí, la línea que separa “reacomodo” de “transición” no es el discurso, sino hechos verificables: liberación inmediata de presos políticos, fin de persecución, libertades públicas reales, transparencia y un cierre democrático con fecha (verificación sólida de 2024 o elecciones limpias, según lo que sea posible).
      Si esas señales aparecen, el interés externo puede alinearse —aunque sea por conveniencia— con un resultado democrático.
      Si no aparecen, tu advertencia se vuelve todavía más urgente: sin ciudadanía exigente y organizada, el país puede cambiar de administración sin recuperar soberanía.

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  6. Jose Luis Esteves Malave5 de enero de 2026 a las 8:09

    Estimado Gustavo, mis más sinceros respetos amigo mío, coincido en todos tus análisis. !, no podrían ser más asertivos y cuidadosos al escribir tu exposición de hechos y expectativas de las que debemos estar cuidadosamente muy pendientes, todos queremos ver alcances y logros sin manipulaciones. Se debe construir el país con una transición sin llegar a lo mismo. Debe existir estado de derechos primero en todo y para todos, la continuidad es lo que nos pone alerta ante los hechos y las demandas de EEUU no definen la esperanza de la Democracia, que es el Objetivo ante un estado de derechos que es lo primero para todos.

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    1. José Luis, gracias de corazón por leerlo con esa atención.
      Coincido contigo: si no se restablece un estado de derecho real, para todos y sin excepciones, cualquier “transición” corre el riesgo de ser solo continuidad con otro relato.
      Y también me parece clave lo que dices sobre EE. UU.: sus demandas no pueden definir nuestra esperanza. La esperanza democrática se sostiene en condiciones verificables, no en discursos: liberación inmediata de presos políticos, fin de persecución, libertades públicas, transparencia y un cierre democrático con fecha.
      Si esas señales aparecen, habrá base para confiar.
      Si no aparecen, lo responsable es ajustar el diagnóstico sin autoengaños y seguir exigiendo lo esencial.

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  7. Hola Gustavo. Mis puntos de vista:
    *Estamos realmente en una transición?*
    Creo que si. La transición, como su nombre lo indica, es un proceso que implica:
    * _Analizar la situación actual._ Esto es, ver donde estamos, cual es el estado de la infraestructura actual (electricidad, telecomunicaciones, salud, petróleo -por supuesto-, producción de alimentos, abastecimiento de medicinas, etc ).
    * _Priorizar necesidades y establecer recursos_ y tiempos para poner en marcha la infraestructura.
    * _Depurar a las fuerzas armadas_. Esto puede ser bastante difícil dado que los altos mandos se han beneficiado de la ilegalidad por mucho tiempo y la base ha sido sometida por mucho tiempo a un lavado cerebral enorme.
    * _Ubicar y controlar a los grupos irregulares._ Es decir, eliminar los focos de violencia que pueden sabotear el proceso y amedrentar a la ciudadanía.
    Para todo esto, hace falta Delcy.
    Una vez se establezca todo esto, se controlen las fuerzas armadas y los colectivos, sería el momento para que Edmundo / María Corina asumieran el poder y este sería el siguiente paso de la transición.

    *Si lo estamos, ¿hacia dónde nos lleva?*
    Creo que ya lo expresé

    *¿Y qué posición conviene asumir, como demócratas, cuando el camino se vuelve confuso?*
    Reunirse, analizar y tratar de aclarar las confusiones. Tratar de contactar con personas cercanas al poder para solicitar explicaciones. No desesperarse ni hacer propaganda negativa sin haber agotado las vías aclaratorias.
    La transición no es un interruptor: ahora tu / ahora yo. Es un proceso que va a llevar tiempo y que debe cubrir hitos. Lo importante es establecer esos hitos y delimitarlos en alcance y tiempo, para no caer en una espiral eterna que vaya en contra del proceso en sí

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    1. Estimado Felipe, gracias por tomarte el tiempo de desglosarlo así, porque le pones estructura a un debate que suele irse a consignas.
      Coincido contigo en algo clave: una transición no es un interruptor, es un proceso con hitos, y sin seguridad mínima y control de focos violentos cualquier mandato puede quedarse en papel.
      Donde pondría un matiz (para blindar el objetivo democrático) es en la frase “para todo esto, hace falta Delcy”. Puede ser útil contar con cuadros que conozcan la maquinaria del Estado, sí, pero eso solo es aceptable si hay las condiciones verificables que detallo en el artículo desde el día 1:
      Si esos límites no existen, el “puente” se convierte en continuidad.
      Me gusta tu propuesta para demócratas: reunirse, analizar, pedir explicaciones y no alimentar propaganda negativa sin evidencia. Añadiría una regla práctica: no casarse con actores, sino exigir hitos con plazos.
      ¿Tú qué hito pondrías como “no negociable” en las primeras dos semanas?

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  8. El primer hito y el más urgente es la liberación de TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS incondicionalmente, como primera muestra de buena voluntad por parte de Delcy. Es algo sencillo y con grandísimo significado para todo el país.

    PD: Por favor, coloca la letra de los comentarios en color negro porque a algunos nos cuesta mucho leer en blanco sobre gris claro

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    1. Gracias por el comentario. Coincido: la liberación inmediata e incondicional de todas las personas presas por motivos políticos sería el primer hito, el más urgente y el más fácil de verificar. No es un gesto simbólico: es una señal real de ruptura con la persecución y de respeto a la dignidad humana.
      Sobre el PD: gracias por avisarlo. Voy a ver como ajusto el color del texto de los comentarios a negro para que se lea mejor.

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  9. Gracias Gustavo. Estoy de acuerdo con lo que has escrito. Las acciones de los próximos días nos darán más luces y claridad sobre el posible camino que vamos a transitar como país. Deseo que realmente veamos las señales de cambio y transición que has mencionado, y que esto no sea un simple reacomodo. Sería muy triste. Saludos

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    1. Gracias, Yara. Lo que dices es exactamente el punto: en los próximos días se verá si hay hechos que confirmen transición o si solo estamos ante un reacomodo.
      Ojalá aparezcan señales claras. Si esas señales aparecen, tendremos razones sólidas para la esperanza.

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  10. Gustavo, gracias por tu excelente reflexión en este artículo. Una pregunta en relación a las rutas plausibles (y sus riesgos) que comentas: ¿no verías factible una posible tercera ruta o ruta intermedia: "Ruta 3: transición conducida por las autoridades que reivindican el mandato de 2024 y acompañada/monitoreada de cerca por USA " (y quizás acompañada por la OEA, o una representación de países Latinoamericanos para darle mayor respaldo internacional). Esa tercera ruta, a pesar de no estar exenta de riesgos, facilitaría una transición gradual (pero acelerada, sin demoras artificiales) hacia una verdadera democracia, contaría con el necesario nivel de orden/control para reducir los riesgos de un potencial descarrilamiento, y también contaría con mayor legitimidad (tanto interna como internacional) al estar coordinada por los líderes nacionales que apoyaron la gran mayoría de l@s venezolan@s en las elecciones del 24J2024.
    Usando algunos de los títulos entrecomillados que mencionas en tu artículo, sería una especie de aceptar o pedir un "que se vayan pronto" (en lugar de "que se vayan ya", que -aunque es lo que desearíamos la mayoría- implicaría mayor riesgo potencial de caos o violencia interna), o un "que se queden por ahora" , pero en ambos casos con reglas y fecha de salida claras, y una supervisión estrecha para que verdaderamente se cumpla con lo pactado (evitando incumplimientos, dilaciones o manipulaciones como ha ocurrido en el pasado).
    ¿Qué opinas sobre la viabilidad y riesgos de esa tercera ruta? Te agradezco de antemano tus consideraciones adicionales.
    Abrazo

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    1. Respuesta a este comentario de Agustín Sanz Gil

      Gracias por el matiz, Agustin . Tienes razón: en la Ruta 3 el punto de partida ya es que asuman las autoridades electas en 2024, así que la condición no es “si se valida 2024”, sino cómo se garantiza que ese mandato se convierta en poder efectivo sin caer en atajos.

      Para que funcione, yo miraría tres cosas, todas verificables:

      Primero, que el acompañamiento sea estrecho pero limitado: reglas claras, transparencia y fecha de salida. Si no, se vuelve control indefinido y erosiona legitimidad.

      Segundo, que el Estado deje de operar como herramienta de coacción: liberación inmediata de presos políticos, fin de represalias, libertades públicas reales y debido proceso.

      Tercero, que exista capacidad operativa para gobernar: control civil de seguridad, freno a grupos violentos y recuperación de funciones básicas.

      Riesgo principal: que sea “mandato 2024 con aparato intacto”. Es decir, autoridades legítimas obligadas a gobernar con instituciones capturadas, terminando en parálisis o en medidas de excepción que desgastan el capital democrático.

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