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Las listas que no se publican

 Estados Unidos anunció nuevas restricciones migratorias y Venezuela apareció, como quien no quiere la cosa, en la lista. Una más. Ya no debería sorprender, pero fastidia igual. No porque uno crea que a estas alturas merecemos un trato especial, sino porque, a pesar del desastre evidente, hay millones de venezolanos que no tendríamos por qué pagar la factura de una dictadura que no elegimos ni promovemos. Y, sin embargo, ahí estamos. En la misma lista de países donde se cocinan guerras, terrorismo o tiranías de manual. Mientras tanto, quienes han exportado crimen, lavado y chantaje, siguen disfrutando de sus visas diplomáticas y sus riquezas mal habidas. Ironías del mundo libre. Desde hace más de dos décadas, Venezuela ha venido cayendo en listas de todo tipo: corrupción, inflación, violencia, censura, desnutrición, migración forzada. Y uno ve esas listas y entiende por qué un país que un día fue promesa hoy parece amenaza. Lo que cuesta más es explicar que no siempre fue así. ...

Festival de excusas

 Dicen que perdieron porque María Corina llamó a no votar. Que la abstención fue muy alta. Que el pueblo no salió. ¡Claro! El problema no fue que participaron en una elección fraudulenta, sin árbitro, sin garantías, sin auditoría real. No. La verdad cruda fue que el pueblo… no obedeció su llamado. Los eternos aspirantes a algo, esos profesionales del fracaso con falsa credencial opositora, hoy lloran sobre sus cuotas perdidas, como si la democracia fuera una lotería y no un acto de dignidad. Se presentan como víctimas del divisionismo, cuando en realidad fueron cómplices voluntarios del teatro obsceno que montó el dictador. El pueblo, mientras tanto, simplemente decidió no hacerles el juego. Porque cuando todo huele a trampa, lo más sensato es no sentarse a la mesa. La estrategia de María Corina no solo fue clara, fue moralmente superior. No se trataba de sumar diputados decorativos o gobernaciones simbólicas. Se trataba —se trata— de no legitimar lo ilegítimo. Y el país lo e...

¿Votar? No. Es hora de botar 🗳️

Nos dicen que votemos. Que esta vez sí. Que ahora sí ganamos. Que el mundo nos ve. Que hay que tener fe. ¡Como si no hubiésemos votado antes! Como si el 28 de julio no hubiésemos marchado en masa, con esperanza, con dignidad, y demostrado que somos más. Y aún así, aquí estamos: con el dictador campante, como quien ni se despeinó. Así que no, gracias. Esta vez no voy a votar. Voy a botar. Voy a botar la ingenuidad de creer que enfrentamos a demócratas en campaña y no a criminales aferrados al poder. Voy a botar la narrativa complaciente que llama «proceso» a esta farsa. Voy a botar el miedo, el cansancio, el chantaje de «si no votas, no existes».   ¡Existimos! Y también vemos —con dolor y asombro— a quienes traicionaron el espíritu del 28 de julio, los que alguna vez marcharon con nosotros y hoy se lanzan a recoger migajas, los que negocian desde el hambre del pueblo y se arrodillan esperando un favor. No. No estamos hechos para limosnas disfr...

La mentira se sofoca cuando la verdad respira

No importa cuánto griten. No importa cuántas urnas llenen de papeles falsos ni cuántas cadenas transmitan para repetir el cuento gastado de la “democracia participativa”. La verdad siempre encuentra grietas. Y esta semana, Venezuela lo ha demostrado de nuevo. En medio de elecciones amañadas y retóricas vacías, una acción silenciosa —pero profundamente valiente— nos recordó que el alma de un país no se apaga con decretos ni represión. No es la primera vez que vemos lo imposible ocurrir. Tampoco será la última. Porque, aunque muchos prefieran callar o mirar a otro lado, hay una fuerza viva que no se deja someter: la dignidad. Esa que florece aún en medio del asfalto, como un eco de libertad en tiempos oscuros. Los que siguen dentro, resistiendo. Los que están fuera, denunciando. Los que escriben, crean, construyen memoria… Todos somos parte del mismo relato: el de un pueblo que, a pesar del exilio, la censura y la traición, se niega a olvidar quién es. La historia venezolana aún ...

La libertad se abre paso

Aún no conocemos todos los detalles. Aún no hay una versión oficial, aunque sabemos que vendrán las mentiras, las tergiversaciones y los intentos de minimizar lo ocurrido. Pero hoy, lo cierto es que Venezuela ha despertado con una noticia que parecía imposible: los rehenes políticos que permanecían secuestrados en la embajada de Argentina en Caracas han sido liberados. La sede diplomática estaba rodeada, sitiada, vigilada milimétricamente por cuerpos de seguridad del régimen. Cualquiera hubiera apostado que escapar de allí era inviable. Y, sin embargo, ocurrió. Porque cuando la dignidad se organiza y la libertad se abre paso, no hay cerco que la detenga. Este no es solo un hecho político. Es un símbolo. Un grito de esperanza en medio del desánimo. Una señal para quienes dentro y fuera del país se sienten agobiados por la represión, el miedo o el cansancio. Un recordatorio de que lo imposible puede suceder... y sucede. Mi admiración profunda por esos valientes, que resistieron meses baj...

Isolda Salvatierra: presencia que permanece

Publicado el 1 de mayo de 2025 El pasado 27 de abril, en Madrid, partió Isolda Heredia de Salvatierra. Economista, política, feminista, católica y, sobre todo, mujer venezolana de una coherencia ejemplar. Tuve el privilegio de conocerla personalmente y de coincidir con ella en diversos eventos. Su vitalidad no se medía en pasos ni en edad, sino en convicción. Allí estaba, con la palabra justa y la mirada encendida, haciendo presente su país amado, Venezuela, en cada foro, en cada conversación, en cada gesto. Isolda fue una mujer de lucha limpia, sin estridencias ni antagonismos, pero firme. Creía en el feminismo como puente, no como trinchera. Defendió la democracia cuando era difícil, y los derechos humanos cuando dolía. Su voz fue serena, pero jamás tibia. Promotora de reformas legales que marcaron un antes y un después para las mujeres venezolanas, también dejó huella espiritual al fundar el Camino de Santiago en Caracas, testimonio de que fe y acción pueden caminar juntas. Su vida ...

El líder que no grita

Publicado el 22 de abril de 2025   Este Jueves Santo, en una calle cualquiera de Madrid, tuve el honor de cruzarme brevemente con el presidente Edmundo González y su esposa Mercedes. No fue un encuentro planeado ni protocolar, sino humano y profundamente simbólico. En sus ojos había una mezcla de serenidad y determinación que me estremeció. Y aunque apenas cruzamos palabras, sentí que entendió lo que no le dije con palabras: mi gratitud, mi esperanza intacta, mi respeto. Un día antes, su yerno cumplía 100 días secuestrado por la dictadura. Aun así, Edmundo caminaba con paso lento pero firme, sin escudos ni aparatos de poder. Podría haber seguido disfrutando la paz de su retiro, pero eligió ponerse al frente de una causa que trasciende egos y partidos: la reconstrucción moral de Venezuela. Admiro su temple, su silencio elocuente, su valentía serena. Frente a la cobardía del tirano, que se oculta tras el miedo, la fuerza y el chantaje, Edmundo se alza sin estridencias, con la dignida...