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Aragua no es una banda

Mi sobrina salió a la calle con una franela que decía ARAGUA. Orgullo en el pecho: las playas de Ocumare y Choroní, el olor a cacao tostándose en patios centenarios, el Henri Pittier bajando en verde hasta la ciudad. Ni cinco pasos y un desconocido —en el país que ahora habita— le soltó un comentario envenenado: “¿Del Tren?” No preguntó; juzgó. Ella volvió a casa con el nudo en la garganta. “Tío, ¿cómo explico que Aragua no es eso?”, me dijo. Y lo que quise responderle es esto.

Aragua es mar y montaña. Es Maracay, ciudad jardín, con sus avenidas arboladas y esa tozudez de trabajo que conozco bien: fábricas que alguna vez marcaron la modernidad del país, la memoria de la aviación en el Museo Aeronáutico, la Maestranza que lleva el nombre de César Girón, levantada por el maestro Carlos Raúl Villanueva. Es el balón corriendo en los pies de Juan Arango y Deyna Castellanos; es la leyenda de David Concepción, el swing perfecto de Miguel Cabrera y la energía de José Altuve, orgullos de las Grandes Ligas. Es Mario Abreu juntando objetos para hacer poesía visual; Isaac Chocrón afinando el diálogo que nos puso delante de un espejo. Es Henry Martínez escribiendo canciones que ya son de todos; Simón Díaz, el Tío, cantor universal del llano y de la ternura hecha música. Es también la belleza y el talento de Alicia Machado y Pilín León, misses que llevaron el nombre de Venezuela y de Aragua al mundo. Esa es la pulsación real de Aragua.

Y también es Chuao: un pueblo costero donde el cacao se tiende al sol en la plaza como hace siglos. Ese cacao —con Denominación de Origen— figura entre los mejores del mundo y cada año vuelve con medallas. Chocolateros de lejos compiten por unos pocos sacos. Ese era el nombre que mi sobrina llevaba en el pecho.

Aragua también es naturaleza desbordada. El Parque Nacional Henri Pittier guarda más de 500 especies de aves y funciona como uno de los grandes corredores de migración en el trópico. Entre la bruma de la montaña y las aguas que bajan al Caribe conviven playas, selvas nubladas y cafetales. Ese paisaje resume lo que significa vivir en una tierra que lo tiene todo.

Y Aragua es también historia de independencia. En La Victoria, un 12 de febrero de 1814, estudiantes y seminaristas —muchos de ellos aragüeños— empuñaron armas improvisadas para enfrentar a las tropas realistas de Boves. Con José Félix Ribas al mando resistieron y vencieron. De esa jornada nace el Día de la Juventud. A esa fibra perteneces, sobrina. En La Victoria, por cierto vio la luz el actual presidente electo de Venezuela Edmundo González Urrutia.

Entonces, ¿cómo terminamos con un nombre tan hermoso contaminado por una megabanda? La respuesta es concreta.

A comienzos de los 2000 el país apostó por un gran proyecto ferroviario. Dos trazados atravesaban Aragua: Puerto Cabello–La Encrucijada y Tinaco–Anaco. El primero, de altísima ingeniería, abrió túneles y viaductos; el segundo prometía unir los llanos con el oriente industrial. Se movió tierra, se levantaron estaciones, se encendió la esperanza. Y luego, la parálisis. No por un meteoro ni por “la crisis” caída del cielo, sino por corrupción, sobrecostos y una ineptitud hecha política: cargos de responsabilidad asignados por lealtad, no por capacidad. Quedaron obras a medias, equipos al sol y pueblos con promesas muertas. Aquella palabra —tren— pasó de promesa a sinónimo de fracaso.

Mientras los rieles se enfriaban, otra locomotora se armaba donde menos debía: dentro de una cárcel. En la cárcel de Tocorón, el Estado entregó de facto el control a los pranes. El “nuevo régimen penitenciario” nunca cruzó ese portón. En ese caldo —con una mujer rencorosa al frente del ministerio y el capo de un cartel de la droga como jefe político— el llamado Tren de Aragua saltó de banda carcelaria a estructura transnacional, usando rutas migratorias y exportando violencia a países vecinos. No fue tolerancia pasiva: fue política de Estado, una herramienta útil para desordenar la región. Tocorón funcionó durante años como cuartel con discoteca y piscina, hasta que el escándalo reventó y ensayaron una toma tardía, cuando el monstruo ya estaba criado.

Quien dude del impacto, que hable con fiscales de Colombia, Perú, Chile o Estados Unidos: la marca criminal se expandió, cambió el mapa de ciertos delitos y obligó a reorganizar respuestas. El patrón se repite: una megabanda nacida en una prisión venezolana, con víctimas sobre todo entre migrantes venezolanos. Duele escribirlo.

Y, sin embargo, Aragua no es esa banda. En la misma tierra nació uno de los contrapuntos éticos más potentes del país: Proyecto Alcatraz, en Hacienda Santa Teresa. En 2003, después de un asalto, la empresa les ofreció a los responsables otra salida: reparar el daño trabajando, justicia restaurativa y rugby como disciplina y escuela de carácter. De allí salieron equipos, oficios, vidas nuevas. En dos décadas desmovilizaron once bandas, reinsertaron a centenares de jóvenes y bajaron homicidios en el municipio Revenga cuando la metodología maduró. Eso no es consigna: son resultados que se ven en la calle.

Aragua, además, tiene un lugar íntimo en mi historia. Fue la tierra que acogió a mis padres y a mis hermanos cuando llegaron buscando futuro. Allí descansan los restos de mis padres y de mis dos hermanos menores. En esas calles nacieron muchos de mis sobrinos. Esa memoria me ata —y me obliga— a defender el nombre de esta tierra.

Miro a mi sobrina y pienso en Chuao: mujeres cantando mientras remueven el cacao en tableros de madera; chocolateros esperando su turno para tostar esos granos con respeto. Pienso en Maracay de tardes largas, en patios con matas de mango, en gente que se busca la vida con una dignidad que no sale en los titulares. Pienso en jóvenes que cambiaron un revólver por un balón ovalado y en entrenadores que aprendieron a decir “hermano” después de decir “rival”. Eso también es Aragua.  

A quienes afuera escuchan “Tren de Aragua” y miran a un venezolano como si miraran a un delito les digo: están mirando al revés. La megabanda no es el gentilicio: es la evidencia de un Estado que dejó que sus cárceles fueran feudos y que sus proyectos públicos se oxidaran. Aragua —y Venezuela— no caben en esa etiqueta. Caben en el cacao que el mundo admira, en deportistas que levantan la bandera, en artistas y maestros que siembran belleza en tierra dura, en comunidades que rehacen la convivencia desde abajo.

Mi sobrina volverá a ponerse su franela. Y cuando alguien vuelva a decir “Tren”, le responderá con calma: “Déjame contarte qué es Aragua”. Quien escuche entenderá que ninguna banda puede usurpar un nombre nacido entre cacao, mar y montañas. Ese nombre nos pertenece y lo vamos a reivindicar cuantas veces haga falta.

Comentarios

  1. Faltó nombrar a Pilin Leon, Alicia Machado. Y otros que se me escapan ahorita de la memoria

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    1. Ellas no son ningunas celebridades de las que, nosotros los aragüeños, debemos estar orgullosos; muchísimo menos la Alicia Machado, cuyo intelecto deja mucho que desear.

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  2. Que bello!! Yo sueño y añoro con poder jubilarme algún día en Choroní.. es que Aragua es mágico

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  3. Faltan: Simón Díaz, Pancho Pepe Croquer, Juan Liscano, Cayito Aponte, Delio Amado León, El pavo Frank Hernández, Amador Bendayan, Luisa Teresa Lanz de León entroñe otros

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  4. Aún cuando la profe Lanz no nació acá entregó su ser al Estado Aragua

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  5. Muy bueno Gustavo, a mi me tocó vivir esa experiencia mientras trabajé en obras de Urbanismo en la Villa como Ing Supervisor, los delegados de Obra eran asignados por el Pran de Tocoron, y no por el sindicato de la construcción, por cierto fueron asesinados 2 delegados uno iniciando las actividades un enero que estaba ingresando obreros y entonces lo mataron por ajuste de cuentas en la puerta de la obra, había que pagar vacuna todas las semanas, en una oportunidad hubo un robo a mano armada, se llevaron los equipos etc y se le informó al delegado y entonces recuperó los equipos en un barrio cercano a la obra, a pto de plomo imagínense ustedes el ambiente de trabajo. Saludos a todos 🤗

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  6. Sólo te faltaron el Cardenal Castillo Lara, gran canosita que llegó a ser Secretario de Estado del Vaticano, y, seguramente omitido por modestia, tu sobrino Felipe Bosque, Maestro y Director musical, que integró a los niños y jóvenes discapacidados en el Sistema Nacional de Orquestas.

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  7. Aragua es preciosa con playa divinas y cristalina y no es una banda hay gente noble trabajadora con empatía yo soy orgullosa de ser aragüeña

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  8. Si me permites compartirlo en mis redes estaré muy orgullosa como Maracayera y Aragueña

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    1. Por supuesto, que le llegue a todos los aragüeños y al resto del mundo también.

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  9. Magnífico... Oportuno .. y Merecido reconocimiento y reivindicación

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  10. Desde Maracay Estado Aragua le doy las gracias por este maravilloso artículo. Dígale a su sobrina, que haremos millones de franelas en Libertad. Un abrazo Muchas Gracias 🫂...

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  11. Gustavo. Aquí yo me he crié en gran parte de mi infancia aunque no nací acá y todo lo que nos rodea es hermoso y gente muy especial y mis dos hijos varones me nacieron en Maracay una hembra en los Teques y la más pequeña en Pto Cabello.
    Pero en cada municipio de Aragua hay sitios y personas hermosas y de muy buena calidad humana.!
    Gracias Gustavo por dedicar un minuto de tu tiempo a este hermoso estado Aragua, vamos a recuperar nuestra dignidad cómo estado y honor.
    JL Esteves

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  12. Hermoso reconocimiento a mi noble terruño! También se incluye entre sus maravillas a la Colonia Tovar, rinconcito mágico predilecto para escapar de los días de mucho calor! Aragua, tierra fértil, noble, rica en bendiciones de la madre naturaleza y en su gente decente, trabajadora y aguerrida! Orgullosa de ser aragueña!!

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  13. Excelente manera de responder a la ignorancia disfrazada de burla, producto tambien, estimado Gustavo, de una actitud muy humana, por cierto, de enfocarse en las cosas negativas y en lo que falta (evidenciadoen algunas respuestas, por cierto), en lugar de lo contrario. Celebro sobre manera que pertenezcan a la parte que representa justo lo contrario. Mis respetos por tan extraordinario testimonio.

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  14. Aragua es la sede de las primeras Facultades universitarias de Agronomía y de Ciencias veterinarias, de las primeras escuelas de Peritos agropecuarios, de Demostradoras del Hogar campesino y de Tractoristas agrícolas. En la cordillera central se creó el primer Parque nacional: el Henry Pittier y las primeras escuelas de Aviación militar y civil.

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