Ir al contenido principal

¿Debemos aceptar que el mal triunfó?

Publicado el 23 de marzo de 2025

Venezuela vive una tragedia silenciada a fuerza de complicidad.

Dentro del país, millones viven bajo vigilancia, represión y miedo.

Pensar distinto es delito.

Alzar la voz se paga con tortura, cárcel o exilio.

Cada día es una batalla por sobrevivir en una tierra donde la justicia fue abolida y la dignidad se castiga.

Pero la tragedia no termina en las fronteras.

Afuera, la diáspora venezolana —más de siete millones de personas— enfrenta otro tipo de persecución:

Discriminación.

Rechazo.

Xenofobia.

Muchos son señalados, no por sus actos, sino por su pasaporte.

Víctimas del estigma sembrado por un régimen que promovió el crimen y lo exportó para ensuciar el rostro de quienes escapaban del horror.

Y mientras tanto, hay líderes democráticos perseguidos y hacinados en embajadas, encerrados como rehenes políticos ante la pasividad internacional.

📢 ¿Dónde están las voces que juraron defender los derechos humanos?

¿Qué hacen los organismos multilaterales?

Silencio.

¿Qué hacen los líderes del mundo libre?

Silencio.

¿Qué hacen los gobiernos que un día alzaron la voz por Ucrania, por Cuba, por Irán… pero callan ante Venezuela?

Silencio.

Negarse a llamar dictadura a una dictadura es prolongar su vida.

Hacer negocios con ella es financiar la represión.

Los venezolanos hemos dado todo:

Nuestras calles.

Nuestros hijos.

Nuestra libertad.

Nuestra esperanza.

Y hemos sido castigados por resistir.

Hoy solo queda una pregunta urgente, brutal, legítima:

¿El mal ha triunfado?

Y otra vez…

Silencio.

Ese silencio ya no es neutralidad.

Es complicidad.

Es traición a los valores democráticos.

Es premiar a los verdugos y castigar a los inocentes.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Estimado Sr. Trump

  Los terremotos cambiaron el calendario de la historia Sé que usted no leerá esta carta. Aun así, escribo, porque frente al dolor de Venezuela el silencio también puede ser una forma de complicidad. Usted tiene muchos asesores que le hablan de mi país. Algunos lo conocen bien. Otros no. Algunos quieren ayudar. Otros, como usted ya habrá comprobado, solo quieren cuidar intereses, sabotear decisiones o proteger restos del régimen. Por eso quiero hablarle claro. Cuando usted dice que el pueblo venezolano está feliz, que baila en las calles, que celebra, está recibiendo una imagen incompleta, y en parte falsa, de nuestra realidad. Algunos enchufados estarán felices. Pero el pueblo venezolano no está celebrando: está enterrando muertos, buscando sobrevivientes, improvisando refugios, levantando escombros con las manos y tratando de no quebrarse. Si vio gente bailando en medio de la tragedia, quizás le faltó contexto. La fiesta de San Juan se celebra bailando. No siempre qui...

De la oscuridad al orden

  ¿Estamos en una transición o en un reacomodo? Dos lecturas, un mismo anhelo democrático — — — Los venezolanos queremos una transición: de un poder de facto a una democracia. Y, para mucha gente, ese punto ya está resuelto en lo esencial: en 2024 se expresó una voluntad popular que, para una parte amplia del país, define quién debe liderar el cambio. El problema es otro, y es legítimo que duela: incluso si sabes “quién”, no siempre está claro “cómo”. Y hay una condición mínima que no admite aplazamientos: la liberación inmediata de todas las personas presas por motivos políticos. Asumir sin orden mínimo puede convertir el mandato en símbolo, y la esperanza en frustración. Además, el mapa se complicó con un factor externo que hoy pesa como una losa: Estados Unidos ha hablado de “hacerse cargo” y ha exigido, como compensación histórica, “acceso total” a recursos e infraestructura, con el petróleo como centro del discurso.   Por eso, las preguntas que escucho —y que ...

Cuatro trayectorias, un mismo dilema

  Lo que le pasa a un país cuando el poder se protege a sí mismo por encima de la gente Tú puedes creer o no creer en el “plan Trump” recién anunciado, y puedes discutir sus riesgos. Pero hay una realidad más incómoda y anterior al plan: si Venezuela sigue bajo el mando real de estos cuatro operadores, o bajo su poder residual, el país tiende a moverse hacia más control, menos libertades y una economía al servicio de la supervivencia del sistema vigente, no del bienestar común. Eso no es un insulto: es una lectura apoyada en patrones ampliamente documentados por organismos internacionales sobre represión, detenciones arbitrarias, torturas y cierre del espacio cívico, y en el hecho de que el Estado venezolano funciona hoy con instituciones capturadas y una legitimidad fuertemente impugnada dentro y fuera del país. Por eso este texto no te pide fe ni te pide rabia. Te pide contexto. Vas a leer, de cada uno, dos tiempos. A) Pre-1999: formación, redes y el “molde” b...

La fuerza tranquila que forma líderes

  Corina Parisca: del “nosotros” del hogar al liderazgo que reunifica una nación A veces una vida se resume en tres gestos: templanza, servicio y el “nosotros” por delante del “yo”. Así es Corina Parisca de Machado : psicóloga, mujer de deporte, madre que educó con firmeza serena y amor por Venezuela. Ese triángulo —carácter, disciplina y país— ayuda a entender por qué María Corina Machado es quien es. En su célebre conversación con Sofía Ímber, Corina deja ver su brújula: trato correcto, buen gusto sin ostentación y una idea sencilla del liderazgo femenino de este siglo—presencia, constancia y voz propia. No lo pregonó con consignas; lo convirtió en hábitos: estudiar, trabajar, hablar claro y sostener proyectos útiles, siempre pensando en plural. Ese tono—firme y sobrio—es el que su hija llevó al espacio público. Hay, además, una escuela silenciosa en su historia: el tenis . De joven, Corina encontró en la cancha una maestra para la vida. Tres aprendizajes destacan: Autocont...

¿De qué lado está la Iglesia?

  Soy católico. Y fui educado —como tantos— bajo una ética que se nutre de los Diez Mandamientos: no matarás, no mentirás, no robarás, no levantarás falso testimonio. No lo digo como adorno cultural, sino como brújula. Por eso me inquieta ver cómo se relativiza la verdad o se trata la violencia como “precio inevitable” de la política. En Venezuela esa violencia no es teoría. Está documentada, con patrones claros: asesinatos, desapariciones, detenciones arbitrarias, torturas, tratos crueles, persecución sistemática. Con ese marco, yo esperaría un reflejo instintivo en la Iglesia: ponerse del lado de los oprimidos, con claridad. Y nunca, nunca colocarse del lado del opresor, ni por acción ni por omisión. Y aquí empieza mi conflicto: esa claridad no siempre se ve. La Iglesia en Venezuela ha hablado en momentos clave y la Conferencia Episcopal ha llamado a respetar la voluntad popular y a exigir transparencia electoral. Eso debe reconocerse. Pero, en el terreno donde vive el fiel c...