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Venezuela en la encrucijada: esperanza y acción frente a la incertidumbre

Publicado el 23 de noviembre de 2024

El reciente triunfo de Edmundo González representa más que un resultado electoral: es una señal de esperanza en medio de un país extenuado por décadas de crisis, represión y desarraigo.

Pero también ha dejado al descubierto la magnitud del desafío: un régimen que, aunque moralmente derrotado, se aferra al poder con uñas, armas y aliados internacionales.

La oposición logró lo que muchos consideraban imposible: unificar fuerzas, movilizar al país y defender el voto popular con dignidad y coraje.

Este triunfo no es solo un rechazo al autoritarismo, sino una afirmación de la voluntad democrática del pueblo venezolano.

Pero la transición no ha ocurrido.

Y eso dice mucho sobre la naturaleza del régimen al que enfrentamos.

Nicolás Maduro no se sostiene solo.

Su permanencia es alimentada por alianzas con potencias como Rusia, China e Irán, y por el silencio —o complicidad— de algunos gobiernos regionales.

Además, cuenta con estructuras de represión internas que operan sin pudor, sin ley y sin límites.

Ante esta realidad, la comunidad internacional ya no puede seguir solo declarando preocupaciones.

Es momento de actuar con contundencia:

Sanciones reales y sostenidas.

Congelamiento de activos.

Presión jurídica y diplomática.

Aislamiento político del régimen.

Los venezolanos hemos pagado un precio altísimo: muertos, torturados, desaparecidos, exiliados.

Hemos ofrecido demasiado sacrificio.

Y aunque no claudicaremos, no podemos seguir enfrentando solos a un régimen con respaldo global.

El resultado de las elecciones en Estados Unidos —con Donald Trump y su entorno de nuevo en escena— podría representar una oportunidad estratégica.

Si ese liderazgo opta por enfrentar al régimen de Maduro con firmeza, el costo de permanecer en el poder puede volverse insostenible.

Como ha dicho con claridad María Corina Machado, “el reto no es solo quitarles el poder, es hacer que quedarse en él sea más costoso que salir”.

La historia es clara: ninguna dictadura es eterna.

Pero los pueblos libres tienen que mover el reloj del cambio.

No hay espacio para la apatía.

Cada protesta, cada declaración valiente, cada esfuerzo diplomático suma.

Y nos acerca a lo inevitable.

Venezuela no está sola, pero necesita aliados valientes.

Y los venezolanos necesitamos mantener la esperanza encendida, pero acompañarla de acción decidida.

La libertad se conquista luchando.

El futuro ya no es una promesa: está en nuestras manos.


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