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Lula, Petro y AMLO: ¿Tres mosqueteros o tres chiflados?

Publicado el 14 de agosto de 2024

Los presidentes de Brasil, Colombia y México están frente a una decisión histórica: cómo responder al triunfo inobjetable de la oposición venezolana. Las pruebas son claras y han sido confirmadas por organismos invitados por el propio régimen, como el Centro Carter y el Panel de Expertos de la ONU.

Pero no solo cuentan con esos informes. Tienen además en sus manos análisis jurídicos, técnicos y electorales de sus propios equipos, y conocen bien la magnitud de las violaciones sistemáticas de derechos humanos cometidas en Venezuela.

Las opciones legales y diplomáticas están sobre la mesa:

Aplicar la Carta Democrática Interamericana (ya lo rechazaron).

Llevar el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Activar mecanismos como el TIAR (del cual México se retiró).

Imponer sanciones diplomáticas y económicas desconociendo los resultados ilegítimos.

O, lo más sensato y alineado con la voluntad popular: promover una negociación para una transición pacífica.

Esta última es la vía que cuenta con el respaldo del pueblo soberano. Es la opción que une justicia con realismo.

Pero todo indica que estos tres gobiernos se inclinarán por otra vía inaceptable: legitimar una sentencia del TSJ que anule el proceso electoral y promueva la repetición de las elecciones.

Eso no es una solución.

Es una traición a la verdad y una burla a millones de venezolanos.

Porque si se repiten las elecciones bajo el mismo régimen y con el mismo CNE, las gana Maduro.

No porque tenga apoyo popular, sino porque a un delincuente no se le da una segunda oportunidad para robar.

La comunidad internacional y los ciudadanos de Brasil, Colombia y México deben alzar la voz.

No se trata de ideología, se trata de dignidad, justicia y memoria.

La gesta del pueblo venezolano merece ser reconocida, no ignorada.

Y mientras se escriben discursos diplomáticos, el baño de sangre anunciado por el dictador está ocurriendo ahora mismo, mientras lees estas líneas.

¿Tres mosqueteros? No.

Hoy parecen tres chiflados jugando con el destino de un país entero.


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